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Curiosidades

[Símbolo arroba] [Leyes naturales] [Teoría del caos]

/\ @: un símbolo que viene de la Edad Media a la era digital

Hace algún tiempo, el símbolo @, o de arroba, era apenas una tecla olvidada en el polvoriento teclado de las máquinas de escribir. Se utilizó bastante en los cómics, en diálogos con expresiones insultantes como " ¡Maldito $#@!". Muchas de las apariciones de la @ eran simplemente errores tipográficos. Pero el símbolo de arroba experimentó una resurrección como conector clave del correo electrónico, y ahora ha sido elevado a la categoría de símbolo imprescindible, un emblema instantáneo de la era digital. Algunos habitantes de la ciudad estadounidense de Atlanta han propuesto el nombre de @tlanta como lema de alta tecnología para su ciudad. El multimillonario Bill Gates lo incluyó en el título de su libro Business @ the Speed of Thought. Los nombres llamativos se extienden por todo el planeta. En Sudáfrica, al símbolo de arroba se le llama cola de mono. En Italia, algunos le llaman caracol. En China, ratoncito. En otros países, se le ha llegado a llamar "trompa de elefante". En España y varios países latinoamericanos, la arroba ha sido tradicionalmente una unidad de peso equivalente a 11 kilogramos y 502 gramos, y a menudo se simboliza con el signo de @. En Estados Unidos el símbolo curvo sirvió, durante mucho tiempo, para designar el precio por unidad de las mercancías. Por ejemplo, dos manzanas @ 25 centavos = 50 centavos.

Es muy probable que la arroba no hubiera llegado a la Era de Internet de no ser por un golpe maestro ejecutado un día de invierno de 1971, en Cambridge, Massachusetts. Allí, en las oficinas de la empresa informática Bolt Beranek & Newman, un programador de 30 años llamado Ray Tomlinson analizó el teclado de su Model-33 Teletype. Tomlinson, pionero de la programación de correo electrónico, buscaba un signo único para separar un nombre de un lugar para que las computadoras que dirigen los mensajes no confundieran los dos. Tomlinson es reconocido como la primera persona que apretó las teclas "shift" y "2" a la vez para lanzar el signo @ al ciberespacio. Comenzó a enviar mensajes de prueba en su oficina desde una Digital PDP-10, una computadora del tamaño de un refrigerador, a otra. Y ésta fue la primera dirección electrónica de la historia: tomlinson@bbn-tenexa. "Tomando en cuenta cómo es el teclado, no hay muchas alternativas", afirma Tomlinson, de 58 años, restando importancia a su logro simbólico.

Hace siglos, del otro lado del Atlántico, el símbolo surgió como una ligadura, es decir, la unión gráfica de dos letras, expresó Berthold L. Ullman, profesor de latín en la Universidad de Chicago, en su libro Ancient Writing and Its Influence. El pergamino era escaso y caro en aquella época, y los escribas europeos crearon numerosas ligaduras para ahorrar tiempo y espacio. Ante las dificultades que planteaban los textos, a menudo tenían que juntar letras (la a y la e, la efe y la ele, la te y la hache), especialmente cuando llegaban al final de una línea. El signo @ abreviaba la palabra latina ad, un término pequeño y versátil que significaba a, hacia, cerca o en. Un escriba trazaba la "a""para luego enrollar el trazo de la "d" alrededor de ésta. El signo de arroba volvió a surgir probablemente en la Edad Media, quizás como contemporáneo del signo de interrogación en el siglo VIII. Esto haría que el signo @ fuera bastante antiguo, mucho más que símbolos como el de la libra esterlina o el del apóstrofe, que aparecieron en el siglo XVI. En los últimos siglos, el significado principal de la arroba era de "precio por unidad", o el costo de los artículos individuales en los pedidos y facturas.

Justo antes del inicio de este siglo, las máquinas de escribir, que se vendían por la elevada suma de US$100 o más, eran aceptadas con desgano en los centros de trabajo. Pero en 1884, el símbolo @ se incluyó en el modelo Caligraph No. 3 Commercial, posteriormente se extendió a otros modelos y, poco después, la máquina de escribir alcanzó el éxito. Con los años, el pequeño símbolo curvo pasó de un lado a otro del teclado de las máquinas de escribir. En el modelo Blickensderfer Electric de 1902, se ubicaba en la misma tecla que la V. De allí saltó a la tecla Z en la No.12 Hammond de 1905. En los modelos Underwood de principios de los años 20, el signo de centavo y el de la arroba compartían una tecla. Pero para cuando EE.UU. se movilizó para la II Guerra Mundial, los empleados administrativos del ejército y las secretarias ya habían empezado a rechazar el pequeño símbolo. Un manual de 1942 llamado "Mecanografía Universitaria" decía: "El uso del signo @ está decreciendo. Los precios por unidad se teclean simplemente como cifras decimales en la columna de unidades de la factura". Huérfana, la arroba permaneció, no obstante, en los teclados. Quizás porque era un signo demasiado complejo, imposible de improvisar. Cuando efectuaban el rediseño de un teclado, los fabricantes de máquinas de escribir eliminaron otros símbolos porque a los usuarios no les resultaría difícil construirlos con la combinación de otras teclas. De cualquier manera, el signo @ sobrevivió lo suficiente como para que Tomlinson, el pionero de la informática, lo introdujera en la era digital. Miles de millones de mensajes de correo electrónico aparecen en las pantallas cada año, y todos, sin excepción, son enviados a su destino por la @.

Por Michael J. McCarthy, redactor de The Wall Street Journal. Tomado de Wall Street Journal America, 17/11/99

/\ Las leyes inviolables de la naturaleza y la conducta humana.

Un ilustre matemático, Bernouilli, enunció la llamada «ley de los grandes números», que en términos vulgares viene a decir lo siguiente: «si se arroja una moneda al aire un número suficientemente elevado de veces, se obtendrán tantas caras como cruces». Pero es de todos conocida la facilidad de los matemáticos para enunciar leyes teóricas de escasa o nula aplicación práctica. Una mente mucho más preclara, Murphy, observó que la ley de los grandes números sólo se cumple cuando el resultado es irrelevante e intrascendente. Basta con que algo dependa del mismo para que las cosas cambien por completo. Compruébelo usted mismo mediante un sencillo experimento; póngale mantequilla por una sola cara a 300 tostadas de pan, y déjelas caer una a una sobre una alfombra. Según la ley de Bernouilli, debieran caer 150 con la cara untada hacia arriba y otras tantas con la cara untada hacia abajo. Repitiendo el experimento con distintas alfombras comprobará que cuanto más cara y delicada es la alfombra mayor es el número de tostadas que caen con la cara untada hacia abajo.

Este tipo de observación, o quizá simplemente una intuición privilegiada, llevó a Murphy a enunciar su famosa ley, de aplicación en cualquier campo de la ciencia o de la conducta humana: 1º) Si algo puede salir mal, saldrá mal. 2º) Si todo parece estar saliendo bien, es que aún no se ha percatado de la situación.

Nadie sabe quién fue Murphy, incluso se duda de su existencia. Puede que el enunciado de la ley sea obra del subconsciente colectivo, tan maltratado por la Madre Naturaleza. Lo que sí está claro es que desde su descubrimiento, la ley ha influido en las decisiones humanas más que las de la termodinámica o las de Newton. Después de Murphy, otros pensadores han descubierto leyes similares, aunque no siempre de aplicación tan universal.

 Aquí vamos a presentar algunas de las más conocidas. La mayoría de las seleccionadas son de autores extranjeros, pero ello es sólo por no abrumar al lector con cosas conocidas, y no por que no exista un amplio filón en nuestro país, pues en nuestro refranero tenemos la mejor colección del mundo. Auténticas joyas literarias que en pocas y ágiles palabras, en un dechado de eficacia lingüística, resumen la sabiduría decantada durante siglos.

 Empecemos por la ley del Dr. Lawrence J. Peter, más conocido por el ortográficamente insignificante nombre de Peter: «En cualquier organización, un empleado ascenderá hasta alcanzar un determinado nivel de incompetencia, de forma que todos los puestos de responsabilidad acaban siendo ocupados por personas incompetentes para los mismos». Muchas empresas se han beneficiado de esta ley aplicando una simple receta: bajar en un nivel a todas las personas de la organización.

 En 1955, un oscuro profesor de historia, C. N. Parkinson, saltó a la fama con unas observaciones que parecen cumplirse en cualquier circunstancia: «1º) El trabajo se expande hasta llenar por completo todo el tiempo disponible. 2º) Todo jefe trata de aumentar el número de sus subordinados». En su primer trabajo Parkinson daba unas cifras contundentes en defensa de su ley. Entre 1911 y 1928, el número de barcos de la marina británica descendió en un 68 por 100; sin embargo, el número de oficiales aumentó en un 78 por 100. Cuando más elevado es el puesto de un jefe en la organización más peligrosa resulta su tendencia a generar subordinados. Un presidente puede nombrar unos consejeros de staff, que con el paso del tiempo llegarán a ser departamentos, y, en lugar de ser ellos quienes apoyen a los demás, tanto el presidente como el resto de la organización terminará trabajando para ellos.

 Un campo muy estudiado por los buscadores de las leyes inmutables de la naturaleza es el de la burocracia. Veamos a título de ejemplo algunos de sus hallazgos:

  • Los memorándumes se escriben no para informar al lector, sino para proteger al autor (Ley de Acton).

  • Si una instrucción se presta a ser mal interpretada, será mal interpretada (M. López).

  • Una instrucción claramente expresada siempre recibirá múltiples interpretaciones (Ley de Boyle).

  • Nunca hay tiempo para hacer las cosas bien pero siempre lo hay para volverlas a hacer (Ley de Meskimen).

  • No hay nada tan fácil que la burocracia no pueda hacer difícil (Ley de Jocope).

 La moderna fiebre de las reuniones de trabajo ha atraído también la atención de los grandes observadores:

  • La utilidad de una reunión es inversamente proporcional al número de asistentes (Ley de Kirkland).

  • La duración de una reunión es inversamente proporcional a la complejidad del tema (Ley de Knowies) y a la longitud de la agenda.

  • La longitud mínima de una reunión es de hora y media por breve que sea la agenda (Ley de Parsons).

  • Los que tienen que desplazarse una distancia más corta para llegar a la reunión, son, invariablemente, los últimos en llegar (Ley de Thompson).

  • Exprésate vagamente, así no irritarás a los demás (Ley de Chapman).

  • Si no puedes convencerlos, confúndelos (anónimo).

En los países comunistas se ha escrito muy poco sobre las reuniones; en cambio, su interés parece haberse centrado en las conferencias. Veamos una muestra debida al polaco Czecinski:

  • Sólo hay una cosa peor que soñar que estás en una conferencia y al despertar encontrarte que estás en una conferencia; es la conferencia en la que no logras dormirte.

La planificación o la predicción es una de las más complejas y difíciles actividades intelectuales del hombre, especialmente, si se trata de predecir sobre el futuro. De aquí, que haya merecido amplia atención por parte de los analistas:

  • Un buen punto de partida para programar es aquél en que te encuentras (Ley de Wolf).

  • Los que no observan el pasado repetirán sus errores; los que lo observan, encontrarán nuevas formas de errar.

  • Nunca nada más importante se ha terminado en plazo ni  dentro del presupuesto (atribuida al constructor de la pirámide de Cheops).

  • Es más fácil ajustar el programa al proyecto que el proyecto al programa (Ley de Jocope).

Sin duda ninguna, la conducta humana ha atraído más atención que ningún otro tema, y en contra de los que opinan que todo ser humano es diferente e impredecible, he aquí algunas leyes de aplicación universal:

  • Bienaventurado el que no espera gratitud, porque no sufrirá decepciones (Bennet).

  • Las relaciones sexuales son hereditarias; si tus padres nunca las tuvieron es poco probable que tú las tengas (Ley de Fischer).

  • Nada tiene más éxito que los fracasados (Ley de Zion).

  • Dos cerebros juntos producen la mitad de ideas que produciría cada uno por separado (Ley de Chevin).

  • El optimista piensa que este es el mejor de todos los mundos posibles; el pesimista lo sabe (Oppenheimer).

  • Lo mejor es morir muy joven lo más tarde posible (Montagu).

  • El que sonríe cuando las cosas van mal, es que ha encontrado a quién echarle la culpa (Ley de Jones).

Como hemos prometido no cansar al lector con cosas conocidas, hemos tenido que resistir la tentación de incluir en la lista anterior una docena de leyes procedentes de nuestro refranero. Las hay excelentes, como esa de «piensa mal y acertarás», o esa de «Ojos que no ven, corazón que no siente» (o incluso, la más moderna e iconoclasta versión de «Ojos que no ven, socavón que te tragó»).

La política, la economía, la física y todas las demás ramas del saber, están sujetas a leyes inmutables, lo difícil es encontrarlas. He aquí, para terminar, unas cuantas dispersas:

  • Democracia es la forma de gobierno en la que todo el mundo recibe lo que la mayoría no merece (Davidson).

  • No lo fuerces, utiliza un hacha (anónimo).

  • Cuando tengas problemas, delégalos (Borel).

  • Los economistas dan las previsiones de crecimiento del PIB con cifras decimales para mostrar su sentido del humor (Fiedlers).

  • Fórmula de Sommers para medir la productividad de un departamento técnico: productividad es el producto del número de secretarias por su velocidad media de mecanografiado, dividido entre el número de técnicos.

  • Lo que empieza bien termina mal; lo que empieza mal termina peor.

Publicado por José Corrales Pérez en el número de mayo de 1983 de INGENIERÍA QUÍMICA.

/\ La teoría del caos.

El primer experimentador del caos fue un meteorólogo llamado Eduardo Lorenzo. En 1960 estaba trabajando en el problema de predecir el tiempo. Tenía una computadora que calculaba el tiempo con 12 ecuaciones. La máquina no predijo el tiempo, pero en principio predijo como sería el tiempo probablemente.

Un día, en 1961, Lorenzo quiso ver unos datos de nuevo. Introdujo los números de nuevo a la computadora, pero para ahorrar con el papel y el tiempo, sólo calculó con 3 números decimales en vez de 6. Le salieron resultados totalmente diferentes. Lorenzo intentó encontrar la explicación de eso. Así surgió la teoría que está tan de moda en nuestros días: la teoría del caos...

Según las ideas convencionales, los resultados habrían tenido que ser prácticamente los mismos. Lorenzo corrió el mismo programa, y los datos de inicio casi fueron iguales - esas diferencias muy pequeñas no pueden tener efecto verdadero en los resultados finales. Lorenzo demostró que esa idea era falsa. Al efecto que tienen las diferencias pequeñas e iniciales después se le dió el nombre 'efecto mariposa': "El movimiento de una simple ala de mariposa hoy produce un diminuto cambio en el estado de la atmósfera. Después de un cierto período de tiempo, el comportamiento de la atmósfera diverge del que debería haber tenido. Así que, en un período de un mes, un tornado que habría devastado la costa de Indonesia no se forma. O quizás, uno que no se iba a formar, se forma". Este fenómeno, y toda la teoría del caos es también conocido como dependencia sensitiva de las condiciones iniciales. Un cambio pequeño puede cambiar drásticamente el comportamiento a largas distancias de un sistema.

Al medir, una diferencia tan pequeña puede ser considerada "ruido experimental" o "impuntualidad del equipo". Esas cosas son imposibles de evitar, también en el laboratorio más isolado. Con un número inicial 1,001 el resultado puede ser totalmente diferente que con 1,000543. Es simplemente imposible alcanzar este nivel de eficacia al medir. De esta idea Lorenzo derivó que era imposible predecir exactamente el tiempo. Pero todo eso llevó a Lorenzo a otros aspectos de lo que viene llamándose teoría del caos. Lorenzo intentó encontrar un sistema menos complejo que dependiera sensitivamente de las condiciones iniciales. Miró las ecuaciones de convección y las simplificó. El sistema ya no tenía qué ver con la convección, pero sí dependía mucho de los datos iniciales, y esta vez solo había 3 ecuaciones. Después se vió que sus ecuaciones describen precisamente una rueda de agua. Las ecuaciones del sistema también parecían tener un comportamiento hecho totalmente al azar.

Pero después de verlos en una gráfica, sucedió algo sorprendente. La salida (el resultado) siempre quedó en una espiral doble. Antes sólo había dos tipos de comportamientos conocidos: un estado fijo, donde las variables nunca cambian, y el comportamiento periódico, donde el sistema está en un "circuito cerrado" y se repite infinitamente. Las ecuaciones de Lorenzo son definitivamente ordenadas - siguieron un espiral. Nunca se pararon en un punto, ni se repitieron, o sea no son periódicos. A la imagen que dieron las ecuaciones le dio el nombre Atractor de Lorenzo.

En 1963 Lorenzo publicó lo que había descubierto, pero como lo publicó en un periódico meteorológico, nadie le atendió. Su descubrimiento sólo fue reconocido años más tarde, cuando fueron redescubiertos por otros. Lorenzo había descubierto algo revolucionario, pero tuvo que esperar a alguien que le descubriera a él. Así surgió la nueva ciencia que todavía en nuestros días también es "jovencita".

Hay muchas ideas falsas sobre el caos, divulgadas por películas como Jurassic Park, según las que la teoría del caos se trate del desorden. Nada podría estár más lejos de la verdad. Es cierto que la teoría dice que cambios pequeños pueden causar cambios enormes, pero no dice que no hay orden absolutamente. Una de las ideas más principales es que mientras es casi imposible predecir exactamente el estado futuro de un sistema, es posible, y aún más, muchas veces fácil modelar el comportamiento general del sistema. Eso es lo que se muestra en el Atractor de Lorenzo. O sea, el caos no se trata del desorden; más que nada en cierto sentido podemos decir que es determinista.

Pero pongamos un ejemplo para verlo mejor. La rueda de agua de Lorenzo antes mencionada es parecida a la rueda en el parque de atracciones. Tiene cajitas (generalmente más que siete), que están colgadas a la rueda, o sea, su 'boca' siempre mira hacia arriba. Abajo todas tienen un hueco pequeño. Y todo eso está puesto abajo de un flujo de agua. Si le echamos agua a velocidad pequeña, el agua después de entrar en el cajón, sale inmediatamente por el hueco. Así que no pasa nada. Si aumentamos la corriente del agua un poquito, la rueda empieza a rotar, porque el agua entra más rápido a las cajitas que lo que sale. Así, las cajas pesadas por el agua descienden dejando el agua, y cuando están vacías y ligeras, ascienden para ser llenadas de nuevo. El sistema está en un estado fijo, y va a continuar rotando a una velocidad prácticamente constante. Pero si aumentamos la corriente más, van a pasar cosas raras. La rueda va a seguir rotando en la misma dirección, pero su velocidad va a decrecer, se para y luego girará en la dirección contraria. Las condiciones de las cajitas ya no están suficientemente sincronizadas como para facilitar solamente una rotación simple, el caos ha conseguido el mando en este sistema aparentemente tan sencillo.

Ahora, no podemos decir nada del estado de la rueda en concreto, porque el movimiento nos parece hecho totalmente al azar. Pero si miramos el comportamiento general del sistema, el atractor de arriba lo describe perfectamente. ¿Y de qué sirve eso? Los sistemas caóticos están presentes todos los días. Y en vez de mirarlos cada uno, investigamos los comportamientos de los sistemas parecidos. Por ejemplo, si cambiamos un poquito los números iniciales del atractor, él siempre nos dará números distintos que en el caso anterior, y la diferencia con el tiempo va a ser cada vez más grande, de tal forma que después de un tiempo los dos casos aparentemente ya no tendrán qué ver. Pero mirando la gráfica del atractor de los dos casos, esas serán iguales. Y eso es lo que sí puede ayudar mucho a la humanidad tanto en la medicina, como en la economía, etc.

¿Y por qué no se desarrolló esta ciencia hasta ahora? El "padre" del conjunto Mandelbrot fue un libro publicado por Gaston Maurice Julia, y aunque recibió el "Grand Prix de'l Academie des Sciences", sin visualizar sus funciones nadie le dio mucha importancia. La respuesta es simple. Computadoras. Para poner un conjunto Mandelbrot a la pantalla se necesita 6 millones de cálculos (operaciones), que son mucho para ser calculados por científicos, pero para las computadoras de nuestros días esa es una tarea de todos los días. Y de verdad, la teoría surgió de que matemáticos empezaron a darle números a la computadora, y mirar lo que ésta hace de ellos, y después trataron de visualizarlo todo de alguna forma. Y después de un tiempo, las imágenes se veían como la naturaleza. Nubes, montañas y bacterias. Así indicaron por qué no podemos predecir el tiempo. Parecían ser iguales al comportamiento de la bolsa, poblaciones, y reacciones químicas a la vez. Sus investigaciones dieron respuestas a preguntas puestas hace 100 años sobre el flujo de fluidos, cómo movían de un flujo suave hacia un flujo caótico, o sobre el comportamiento del corazón, o las formaciones de rocas. Los sistemas caóticos no son hechos al azar, y se conocen por unos rasgos muy simples.

·        Los sistemas caóticos son deterministas, o sea hay algo que determina su comportamiento.

·        Los sistemas caóticos son muy sensitivos a las condiciones iniciales. Un cambio muy pequeño en los datos de inicio y salen resultados totalmente diferentes.

Los sistemas caóticos parecen un desorden, o hechos al azar. Pero no lo son. Hay reglas que determinan su comportamiento. Sistemas de verdad hechos al azar no son caóticos. Los sistemas regulares, descritos por la física clásica son las excepciones. En este mundo de orden, reglas caóticas...

Extraído de una página personal accesible en la dirección http://www.geocities.com/CapeCanaveral/Lab/8609.

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© 1999 Iván Velamazán González. Permitida su copia citando al autor.
Última modificación: 27/12/99